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Con la pelota puesta en el piso

  • Renato Segura, CERREGIONAL

 

“Impactante” fue el calificativo que la prensa mundial utilizó para referirse a la ceremonia de inauguración de la vigésima segunda edición del mundial de Fútbol Qatar 2022. Treinta y dos selecciones, representando a igual número de países, se disputarán en la cancha la Copa del Mundo. El preciado trofeo, diseñado por el italiano Silvio Gazzaniga, se fabricó con oro de 18 quilates con una base de malaquita. Su estructura representa dos figuras humanas sosteniendo el planeta Tierra.

¿Cuál es la receta para que un seleccionado gane la Copa del Mundo? Lo primero es tener la capacidad de clasificar en las eliminatorias para definir las selecciones de los países en competencia. Una vez en competencia, existen distintas visiones para lograr el objetivo. 

Un artículo publicado en The Economist, entrega una serie de factores para determinar por qué un país tiene o no éxito en el fútbol; entre ellos se encuentra la riqueza y la popularidad que tiene el deporte entre la población.

Para un jugador y posterior seleccionador mundialista, los factores que influyen están relacionados con el equipo y sus jugadores, cuyos principales atributos se cuentan la calma, la concentración, el convencimiento de que pueden ser campeones, y la habilidad para alimentar al jugador más talentoso o inspirado en cada partido. Pero también asigna un importante rol al entrenador, quien utiliza la inteligencia para enfrentar tácticamente cada partido como si fuera el último de su vida.

En el trabajo que realiza cada uno de los equipos en competencia, se dan similitudes con la estrategia y esfuerzo que realizan los agentes locales para sacar al territorio de Biobío y su gente del subdesarrollo.  Primero se requiere que la economía genere riqueza. La riqueza es el fruto del aprovechamiento sostenible de los recursos que la región dispone.  En la mayoría de los casos, los recursos requieren de inversión para que puedan estar disponibles para su aprovechamiento. En este ámbito, los esfuerzos públicos y privados deben enfocarse en la atracción de inversiones. Segundo, la actividad económica tiene que ser inclusiva. Las comunidades deben participar de la riqueza que genera el territorio. No como entes receptores del rebalse que genera la actividad económica, sino como trabajadores y/o emprendedores del proceso que permite obtenerla. La evidencia ha demostrado que, en la medida que un sistema económico es capaz de generar oportunidades, la popularidad de la actividad económica se multiplica entre las comunidades que lo componen.

En lo táctico, los agentes públicos y privados deben participar del sistema económico como un cuerpo, donde exista el convencimiento que, independiente cual sea la capacidad que posean para generar riqueza de manera individual, todos contribuyen en salir del subdesarrollo. Las autoridades, por su parte, deben actuar de manera inteligente, generando políticas regionales que apunten a mejorar el resultado agregado de la economía, evitando anteponer sus ideas por encima de las mejores estrategias para enfrentar las condiciones y ambiente en el cual se desarrolla la actividad económica.

La Región de Biobío aún se encuentra a años luz de tener las condiciones para poner la pelota en el piso. El que falten actores locales para constituir un equipo con capacidad para orientar los recursos en recuperar la capacidad instalada de la industria, por ejemplo, es una señal que apunta en dicho sentido. En este escenario, difícilmente se alcanzará el desarrollo social y económico que anhela el territorio y su gente.