Ingrese sus palabras clave de búsqueda y presione Entrar.

Por Ana Araneda G. Docente área Medioambiente

Instituto Profesional Virginio Gómez

Suena irónico que en un planeta cuya superficie está cubierta en un 70% de agua, sea una preocupación estar quedándonos sin este recurso.

Si bien, de esta cifra es necesario distinguir las aguas saladas y, en oposición, las menores reservas de agua dulce que deben dar abasto a una creciente demanda, también es inevitable reconocer que no se ha realizado un manejo exitoso de los recursos naturales, incluido uno tan vital como el agua. Hace menos de un mes se conmemoraba el Día Mundial del Agua bajo la consigna de revalorar la importancia de las aguas subterráneas, hacer visible lo invisible y considerar que estas son fundamentales para la vida en la Tierra.

A través de diversas formas de comunicación y en todos los niveles se planteaba la necesidad de cuidar este recurso y nos hacíamos más conscientes del escenario actual. Nos encontramos en una grave escasez hídrica que se evidencia en una gran cantidad de material gráfico, videos y declaraciones de diversos sectores con el mismo mensaje: “cuidemos el agua”, “el agua es de todos”, “no es sequía, es saqueo”, entre otros.

Efectivamente, en Chile estamos viviendo desde hace 13 años una gran mega sequía producto de la conjugación de diversos factores como las bajas precipitaciones, el aumento de la temperatura, una isoterma elevada en la cordillera que no permite almacenar agua y un aumento de la evaporación, todo esto bajo un gran nombre en común: el cambio climático.

Si bien al pensar en medidas que se puedan implementar a corto y mediano plazo en nuestra región del Biobío ya se está hablando de una restricción en el consumo de agua, esto aún parecía ser una idea lejana para la mayoría de nosotros (al menos no aún). Sin embargo, hay comunas más alejadas de los cascos urbanos donde ya se está abasteciendo de agua a las poblaciones a través de camiones aljibes.

Más aún, esta semana el Gobierno Regional Metropolitano, junto a la Onemi y la Superintendencia de Servicios Sanitarios dieron a conocer un protocolo de racionamiento de agua para la región Metropolitana, cuyas primeras etapas podrían ya estar cumplidas. Quizás la idea de un racionamiento para nuestra región no sea algo tan lejano como creíamos.

Ante esta realidad, nos queda una pregunta ¿somos la sociedad civil quiénes debemos restringir nuestro consumo de agua? Reflexiono sobre esta interrogante porque si bien debemos hacer un uso adecuado de un recurso tan importante, este consumo no alcanza un 10% del total.

Entonces, claramente, para generar un cambio significativo en los parámetros actuales es necesario intervenir en los procesos productivos, ya sea estableciendo restricciones, mejorando la eficiencia de uso o implementando vías de reutilización de las aguas.

Sin importar el valor que como sociedad aportemos a esta ecuación, educar sobre el uso del agua es primordial para incentivar la reducción de nuestro consumo. Actualmente, una persona en la región del Biobío utiliza en promedio 120 a 150 litros de agua en un día, esto sin incluir la huella de agua de lo que consumimos y vestimos, prácticamente el doble de los 70 litros que consumen por habitante en los países donde la población ha tenido educación ambiental y este bien natural escasea. Esa es la meta a la cual debemos llegar. Me queda adicionar a esta reflexión que existen muchas tecnologías que permiten obtener agua de otros compartimentos ambientales. La desalación, por ejemplo, es una práctica que se lleva a cabo en países como Arabia Saudita donde el 80% del agua para consumo humano y agrícola proviene del mar.

Nos enfrentamos al problema y la necesidad de garantizar el agua para todas y todos, pero lo podemos transformar en una gran oportunidad si Logramos que los diferentes actores que intervienen en la toma de decisiones trabajen conjuntamente, y que en este desafío sean acompañados por la academia, las organizaciones funcionales y territoriales, y, por supuesto, por las representaciones de todos los procesos productivos involucrados. Después de todo, necesitamos avanzar como país, pero también como sociedad.