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Los desafíos y oportunidades del teletrabajo post pandemia

El covid dio el empujón para una modalidad poco común en nuestro país y que solo en su mayoría empresas transnacionales habían adoptado: el trabajo a distancia. En esta nota, cuatro académicos detallan las responsabilidades y posibilidades que traería esta relación laboral luego de la pandemia. 

Por Franco López F./ flopez@trade-news.cl

Mientras que en países más desarrollados la posibilidad de trabajo a distancia (o teletrabajo) se venía implementando desde hace varios años, en Chile esta variante en la forma de producción era de lo menos común hasta la llegada de la pandemia.

            Las clases se trasladaron a Zoom, las reuniones de trabajo a Google Meet y el uso de WhatsApp y Telegram para coordinar tareas con colegas se intensificó a niveles nunca antes vistos. Y aunque se puede apreciar que esta crisis sanitaria impulsó esta nueva forma de trabajo, la misma ha provocado que ciertos beneficios de esta no se hayan expresado en la mayoría de los casos, significando todo lo contrario.

            Aún así, cuando en varias partes del mundo los desconfinamientos continúan y la tasa de vacunados en nuestro país aumenta, la mayoría de las personas pronostica una asimilación por parte de empresas y organizaciones de instancias de teletrabajo. 

Las preguntas que surgen son: ¿cuáles son los pros y contras del teletrabajo? ¿cuáles son los límites que no deben traspasar las empresas en estas modalidades? ¿qué impactos económicos y psicológicos tiene el trabajo a distancia?

Necesidad de mejor legislación

            Nuevas formas de relaciones laborales implican cambios de la legislación actual. Ejemplo son los fallos judiciales relacionados a los repartidores de aplicaciones como PedidosYa, cuya forma de trabajo revela una cierta forma, pero que en el papel se cita como otra completamente distinta.

           El trabajo a distancia tiene sus propias características, singularidades y reglas que lo distancian, en parte, de la típica forma de trabajo presencial. Según el académico de Facea Ucsc, Andrés Ulloa Oliva, “los grupos más conservadores del punto de vista político siempre fueron reacios a legislar, porque esto implica cambiar la misma. El trabajador ya no viaja, no necesitan ocho horas para trabajar, etc., pero de repente la realidad nos dio una bofetada y las cosas cambiaron. La pregunta es ¿qué va a pasar luego de la pandemia? Lo más probable es que las buenas prácticas obtenidas ahora se queden, ósea en empleos de mucha reunión se pueden dar por Zoom”.

La licenciada en Administración y Doctora de la Universidad de Toronto, Silvia Martínez Gorricho (también académica de la Ucsc), concuerda en que el trabajo a distancia seguirá siendo parte de varias organizaciones. También destaca cómo a inicios de este año, el 81,8% del sector de Información y Comunicaciones contaba con teletrabajo, seguido del área de Enseñanza (75,9%), Suministro de Electricidad y Gas (51,5%) y Actividades Financieras y de Seguros (49,6%).

            “El teletrabajo no desaparecerá cuando el virus lo haga. De acuerdo a Upwork, para el 2028, el 73 % de todos los departamentos que conforman una compañía contará con personal trabajando en modalidad remota de manera fija. Por lo tanto, evaluar qué tareas y responsabilidades se desarrollarán de manera más eficiente y productiva remotamente, y qué otras actividades se deberían ejecutarse presencialmente constituirá un desafío para las empresas cuando la pandemia esté más controlada”, agrega Silvia.

            Además, la académica recuerda cómo, según la ley, el empleador debe proporcionar equipos, materiales de oficina y herramientas de comunicación, además de cubrir costos de operación como red wifi, telefonía, electricidad, etc.      

Comodidad del hogar, mayor productividad (o no?)

            Una de las imágenes del profesional freelance que realiza trabajo remoto desde su casa es en medio de un balcón, con una taza de café, echado en una banca con el computador mientras trabaja en sus proyectos. En un mundo idílico, esta podría ser la situación de aquellas personas que hacen teletrabajo, pero en nuestro país la representación cambia. 

            Un lugar no apto para el trabajo online, posible mala conexión a internet, además de, en el caso de las mujeres, compatibilizar crianza de hijos con tareas domésticas más el trabajo online, resulta en un exceso de trabajo que en muchos casos, no es considerado por el empleador.

            Aunque en primera instancia puede sonar llamativo trabajar desde casa, el poco contacto con compañeros de oficina o trabajo también puede ser una razón de baja productividad.

            “Según un estudio realizado por Buffer, 19 % de los teletrabajadores indicó que enfrentar la soledad laboral es su mayor desafío. Otra investigación realizada por Wildgoose, encontró que el 74% de los empleados del Reino Unido sufrió fatiga, estrés o agotamiento durante la pandemia ya que el trabajo desde casa ha conllevado un aumento prolongado de 2,5 horas en la jornada laboral promedio en países como el Reino Unido, Austria, Canadá y Estados Unidos”, explica la académica de Facea Ucsc.

            Quizás en un ambiente no pandémico, la experiencia de aquellas personas que recién se integraban al mundo del trabajo online no hubiera sido tan estresante o contraproducente, ya que la pandemia potenció y añadió ciertas problemáticas a las ya existentes gracias al teletrabajo, según Shila Peine Grandón, Magíster en Desarrollo Organizacional y Recursos Humanos de la UDD y psicóloga de la USS.

            “Uno de los problemas del teletrabajo es la administración, tanto propia como del empleador, de los periodos de desconexión. Cuando se implementó esto no se respetó, se quiso pasar la misma modalidad pre-pandemia a lo digital, lo mismo que pasó con las clases (…). En una primera instancia, las empresas con poca experiencia intentaron controlar a las personas de la misma forma si fuese presencial”.

            En la misma línea, Felipe Parra Muñoz, psicólogo también y académico de la USS, uno de los desafíos de las organizaciones que a posterior quieran seguir adoptando el teletrabajo es tener una “cultura del horario”, basado en el cumplimiento de metas y tareas que, eventualmente, podrían mejorar la productividad. 

            Parra explica que se debe poner en la balanza cuáles de las funciones hechas de manera remota eran necesarias para sobrevivir esta crisis sanitaria, versus las buenas prácticas que pueden ser utilizadas día a día. Lo repentino de este cambio significó un esfuerzo físico y psicológico extra el cual no debe ser tomado en menos. 

“Por otro lado, los estilos de liderazgo que fueron efectivos de forma remota y en medio de una crisis se vieron fortalecidos, y si éstos fueron acompañados de acciones de cuidado por parte de la organización permitirían generar un ciclo virtuoso al momento de regresar”, añade. 

COMPETITIVOS, CAUTELOSOS Y RESPONSABLES

   Quizás la implementación del trabajo a distancia provoque sentimientos de avance y progreso para distintas empresas y organizaciones. Sin embargo, los nuevos proyectos requieren nuevas responsabilidades y tanto empleadores como colaboradores deben ser cautelosos en sus derechos y deberes en el ámbito del trabajo a distancia.

            “En el futuro las organizaciones deben hacerse cargo de lo que significa implementar esto, respetar el derecho a desconexión, o sistemas de seguimiento y control no invasivos, respetar los horarios de trabajo (no recibir mensajes posteriores al horario de término). Surgieron muchas malas prácticas en el teletrabajo en pandemia y, de seguir, pueden ser un peligro”, recalca Shila.

            Para Parra, las áreas de administración y análisis, educación, gestión de personas, marketing o comunicaciones seguirán implementando modalidades a distancia, pero también recuerda que la interacción entre colegas en entornos offline fortalece el sentido de pertenencia y la cultura propia de las oficinas, faenas y establecimientos. 

            En cuanto a los académicos de la Ucsc, Ulloa destaca cómo la competitividad laboral no solo se cerrará a los círculos nacionales o regionales, también (como sucede en otros países del mundo) la incorporación de trabajadores extranjeros residentes en otras latitudes que ejerzan de forma remota se volverá cada vez más común. 

Mientras que, para Silvia, a pesar de las cifras negativas en cuanto a fatiga o estrés, la “deslocalización del trabajo presencial” desde las urbes a espacios rurales podría mejorar en el bienestar de los trabajadores y por ende en su productividad. Todo esto mientras la conectividad se expanda a tales zonas.

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