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“La discusión sobre una constitución es necesaria para provocar”

Raphael Bergoeing, presidente de la Comisión Nacional de Productividad, expresó que es un momento clave para que el Estado funcione y bien.

Por Javier Martínez / tradejavier71@gmail.com

“Al final del día, que una empresa sea menos exitosa que otra, no es solo por una cuestión de esfuerzo, sin perjuicio del valor que eso tiene, o solo la inversión, sino que sea capaz de hacer las cosas de mejor manera y en eso la productividad es clave”.

Así lo planteó Raphael Bergoeing, presidente de la Comisión Nacional de Productividad, quien participó en la Asamblea Anual de Socios de la CPC Biobío.

  El economista agregó que esto es un desafío permanente para una compañía, porque de lo contrario llega alguien, copia, supera y termina matándola en términos económicos. “El problema es que esto exige cambiar y experimentar, lo cual nos lleva a someternos a un constante entorno competitivo, aunque la cabeza nos diga que no. Por ende, lo que tenemos que hacer a nivel de negocios y país es generar institucionalidad, gobernanza, reglas y acuerdos organizacionales para que aquellos que no quieren cambiar, no bloqueen esas reformas”, apuntó. 

TODOS EN LO MISMO

  Lo anterior, planteó, traería consigo mejoras en salarios, condiciones laborales y valor agregado si es que la modificación fue exitosa para todos. En ese sentido, recalcó que una firma no es menos productiva porque una persona lo sea, pues si por ejemplo Alemania lo es, se debe a que casi todos los sectores apuntan a eso.

   “En consecuencia, este es un problema que involucra a todos los actores de la empresa y a las organizaciones que son parte de la sociedad, incluso las que tienen o no fines de lucro, las educativas, las privadas o públicas”, hizo ver.

  Por otro lado, el experto indicó que las reformas políticas ocurridas en Chile en los últimos 20 años no benefician la mirada de largo plazo, porque se pasó el 2005 a 4 años de gobierno sin reelección, lo que se traduce en objetivos de corto tiempo. Además, se estableció el voto voluntario que entró en régimen el 2011 y 2012, traduciéndose en una práctica que polariza, porque hay que convencer a los que están seguros de que “votarán por mí a que se levanten y vayan a sufragar y, por ende, voy a los extremos en vez de ir a los consensos”.

   A todo eso, sumó, se llegó al 2015 a un sistema proporcional que fuera más representativo, algo que es deseable, pero al mismo tiempo tiene el costo de la fragmentación, dificultando los acuerdos y, de hecho, hoy existe un Parlamento sin acercamientos.

   En este contexto, Bergoeing manifestó que para imaginar una economía que funcione en el mercado y el Estado es clave una estabilidad agregada para poder pensar a largo plazo.

  “Por ende, dado todo lo anterior, la discusión sobre una nueva constitución es una necesidad para provocar más. Los temas que puedan asumirse bien en el Chile actual son fundamentales para la economía en el momento de nuestro estado de desarrollo, para imaginarnos cómo somos capaces de retomar más posibilidades de acuerdo, de conversar y generar proyectos hacia el futuro con un objetivo colectivo y no tan individual sectorial”, expuso.

  Esto, agregó, pasa por tener un rayado de cancha macro, desde arriba, constitucional que tenga legitimidad y que no esté cambiando al poco tiempo, pero además pasa por tener una descentralización del poder, que es lo que hacen las cartas fundamentales. En nuestro país, dijo, existe, según muchos analistas, una regla en el sistema político, algo que se viene arrastrando desde hace años, y que se traduce que todo está en una sola persona, que asume la responsabilidad de gobernar y liderar el Estado.

   “Lo que se debe hacer es balancear más ese poder y lo que uno esperaría de una nueva carta magna es eso. Por eso se habla tanto de un sistema presidencialista y por otro de uno parlamentario, pero no sé si eso ocurra en Chile, pero al menos planteo esta discusión”, hizo ver.

  Aparte, espera que de todo esto surja la opción de contar con un sistema político a través de un reglamento nacional que en la medida que separe el jefe de Estado del de Gobierno tenga la flexibilidad para resolver la cuestión política de corto plazo y mantener la estabilidad en otra persona que no esté sujeta al debate en medio de una crisis.

MÁS COMPLEJO

  Por otra parte, el presidente de la Comisión Nacional de Productividad remarcó que el Estado que hoy se requiere es distinto al de los años 60, pues el de ahora es mucho más complejo y probablemente va a seguir creciendo como proporción del producto, pues en la medida que los países avanzan, la demanda por bienes públicos crece.

  “Es así que independiente de quien gobierne, sea izquierda o derecha, vamos a tener un Estado mucho más amplio, pero si no es capaz de llegar bien y pronto a la gente que más lo necesita, no tendrá un buen desempeño. Esto se ha visto ahora, lamentablemente, con la pandemia, que ha reflejado una realidad que es indigna y que es que nuestros Estados no han llegado de buena forma. Aparte, el problema sanitario tiene que ver en parte con la incapacidad de hacer trazabilidad, que es una labor que debió hacer el Estado y de manera colaborativa con universidades o el mundo privado, pero no ha dado el ancho en esta dimensión”, criticó.

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