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Ingenieras crean dispositivo que rehabilita a pacientes con ACV

Pamela Salazar y Tamara Alballay desarrollaron “Alba”, un sistema que ayuda a personas a retomar su movilidad.

Por Javier Martínez    tradejavier71@gmail.com

Emprender no solo se debe dar en el ámbito para el cual se estudió, sino que muchas veces el foco puede estar en otras cosas y a veces pasa algo inesperado. Eso le sucedió a Tamara Alballay, ingeniera comercial, y a Pamela Salazar, ingeniera civil industrial, ambas de la Universidad del Desarrollo, quienes crearon un dispositivo kinésico tecnológico que permite ejercicios simétricos guiados por el lado sano del cuerpo para quienes sufren accidentes cerebrovasculares (ACV).

   Se trata del mecanismo “Alba”, ideado por las dos profesionales en dLab, programa de titulación de la UDD dirigido a alumnos de quinto año de las facultades de Diseño, Ingeniería, Negocios y Arquitectura, el cual tiene como foco desarrollar proyectos de innovación.

  Pamela contó a TradeNews.cl que la temática a resolver fue en salud, por lo que le tocó trabajar junto a Tamara, quien en compañía de otros estudiantes debían llegar a un problema y desarrollar una solución bajo un modelo de negocios.

   Tamara sumó que dentro de las problemáticas existentes se centraron en los ACV, uno de los mayores problemas en el país con causa de muerte y discapacidad.

EMPATIZAR

  Para ello empatizaron con especialistas y pacientes para descubrir los inconvenientes de quienes sufrían esta enfermedad quedando con secuelas de movilidad. “Descubrimos que no existía una rehabilitación continua y dispositivos que ayudaran a la recuperación. Así creamos nuestro sistema ‘Alba’, que gracias a los especialistas consultados logramos sumarle los movimientos necesarios para ayudar a los pacientes”, recalcó Pamela.

    En esto, reconoció, fue fundamental el apoyo de los profesionales de la salud y de los pacientes, porque debían generar un equipo que fuera acorde a sus necesidades. Acá fueron clave los expertos de los hospitales Clínico del Sur de Concepción, Las Higueras de Talcahuano y un centro de rehabilitación comunitaria de San Pedro de la Paz.

   “Cuando terminamos nos adjudicamos un fondo de Corfo de realización de tesis. Saliendo de la universidad ganamos otro que nos sirvió para impulsar el proyecto”, recordó Pamela, quien detalló que Alba es un instrumento médico kinésico cuyo principal objetivo es ser un ejercitador que busca que la persona que sufrió un ACV y quedó con debilidad en toda una parte del cuerpo, pueda recuperar la simetría. Pero a la vez, apunta a proporcionar su autonomía, pues muchas veces dependen de un tercero para hacer todas sus actividades.

   La máquina tiene, además, un guante que entrega a la persona la independencia mediante un agarre para que la parte que no sufrió secuelas guíe el movimiento. Todo está acompañado y estimulado por una aplicación inserta en un monitor, lo que ayuda a que la recuperación sea más lúdica al mostrar los trabajos que debe hacer, las repeticiones y el sentido para terminar con la retroalimentación de sus avances.

   Lo positivo de todo esto es que ambas profesionales diseñaron todo y como la fabricación requiere de mayor perfección se externalizó con el Centro de Industrias 4.0 de la Universidad de Concepción.

PILOTO

   El instrumento fue probado durante 4 meses en el Hospital Clínico del Sur y ahora se piloteará en el Hospital Sótero del Río en Santiago, donde será sometido a un comité de ética que emitirá un estudio de resultado. Para ello el proceso de validación será de unos tres meses.

   Tamara Alballay agregó que la rehabilitación debe comenzar apenas la persona sufre el ACV, por lo que un dispositivo estará destinado a ese propósito y otro para cuando sea dada de alta. Es decir, está enfocado para aquellos que quedan con secuelas, pero que mostrarán resultados positivos durante el trabajo kinésico en el equipo.

  Actualmente cuentan con solo 4 “Alba”, porque el costo de fabricarlos es alto. Por eso están en la etapa de levantamiento de capital para poder desarrollarla a mayor escala, lo que se hará después del estudio que salga del nosocomio santiaguino           que avale su eficiencia.

   “Al momento de presentar la solicitud, el recinto asistencial evalúa el protocolo y una vez autorizado, pasa al comité de ética, que está integrado por especialistas del área de la salud, como médicos, kinesiólogos y otros profesionales. Ellos ven que el equipo no provoque daños, no sea invasivo, que no sea extenuante para el paciente y que muestre seguridad. Una vez obtenida esa aprobación, viene el estudio, que idealmente debe ser publicado con los resultados. Como esto se verá en Neurocirugía, debe ser aprobado por el jefe de esa unidad”, explicó Salazar.

  Tamara reconoció que sumergirse en el área de la salud las obligó a estudiar nuevos conceptos para hablar el mismo idioma con los expertos, pero “Alba” tiene un fin social que las llevó a aprender de este mundo.

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